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¿Humanismo de Morena? La extorsión no entiende de discursos

OPINIÓN | Karl Vön | 16 de octubre de 2026

Morena se define como un movimiento inspirado en el humanismo mexicano. Pero hay una prueba mucho más difícil que repetir esa palabra en una publicación: responder cuando un funcionario de sus filas es acusado de aprovechar el poder para perjudicar a quienes dice defender.

¿Humanistas? Entonces empecemos por el comerciante que abre su negocio con miedo. Por la familia que no denuncia porque teme represalias. Por el ciudadano que escucha discursos de justicia mientras en su comunidad alguien le exige dinero a cambio de dejarlo trabajar.

La propaganda tiene una ventaja: permite seleccionar las palabras. La realidad no. Y cuando la realidad se cruza con la extorsión, el narcotráfico o el abuso de autoridad, el humanismo deja de ser una etiqueta bonita para convertirse en una obligación.

Morena se puso el listón muy alto

No estamos atribuyéndole al partido una promesa ajena. Su propia Declaración de Principios registrada ante el INE lo define como una fuerza inspirada en el humanismo mexicano y plantea combatir corrupción, inseguridad y violencia. Es una aspiración legítima. Pero una declaración de principios no funciona como certificado perpetuo de buena conducta.

La pregunta es simple: cuando el investigado lleva el mismo emblema partidista, ¿se le exige rendir cuentas con la misma energía con la que se denuncia a los adversarios?

Puerto Aventuras: la extorsión tiene víctimas, no colores

Este 16 de octubre, El País reportó que la Fiscalía de Quintana Roo detuvo a Gilberto Gómez, identificado como alcalde de Puerto Aventuras y miembro de Morena, junto con otras dos personas. Según el reporte, la investigación se refiere a una presunta red de extorsión a comerciantes: exigencias de dinero bajo amenazas y la promesa de protección. Aquí puede consultarse la información publicada.

Los detenidos conservan la presunción de inocencia. Será la justicia la que determine responsabilidades. Pero políticamente el caso exige respuestas: ¿qué mecanismos internos previenen el abuso de autoridad?, ¿qué controles detectan el uso indebido de oficinas públicas?, ¿cómo se protege a quienes se atreven a denunciar?

El verdadero protagonista de esta historia no debería ser el partido. Debería ser el comerciante que quiere trabajar sin amenazas.

Un problema que va más allá de un nombre

El caso no autoriza a afirmar que todos los gobernantes de Morena estén vinculados con organizaciones criminales. Eso sería una generalización injustificada. Tampoco permite concluir que un partido entero es culpable de los delitos atribuidos a uno de sus integrantes.

Pero tampoco sería razonable tratar cada nuevo señalamiento como un asunto aislado que nunca obliga a revisar los filtros para seleccionar candidatos, los controles de los gobiernos municipales y la reacción de las dirigencias. Los partidos deben responder por sus decisiones políticas, aunque las responsabilidades penales sean individuales.

Y esto vale para Morena, el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano y cualquier otra fuerza. La diferencia es que Morena hizo de la regeneración moral una de sus principales banderas. Quien se presenta como la alternativa ética al pasado tiene la responsabilidad de demostrarlo, especialmente cuando hacerlo resulta incómodo.

¿Humanismo para el ciudadano o indulgencia para el poderoso?

La presidenta Claudia Sheinbaum y su gobierno pueden señalar acciones concretas contra la delincuencia, incluidas detenciones y operativos. Sería incorrecto ignorarlas. Pero los resultados de seguridad y la rendición de cuentas dentro del partido gobernante son asuntos relacionados, no intercambiables. Una captura no sustituye la explicación sobre cómo llegó una persona al poder ni sobre quién ignoró posibles alertas.

Defender los derechos sociales es importante. También lo es defender a quien paga impuestos, trabaja y no quiere convertirse en rehén de una red de extorsión. ¿De qué sirve prometer dignidad si no se garantiza que las autoridades respeten a la gente?

El humanismo no puede ser un traje que se utiliza en campaña y se guarda cuando aparece un expediente incómodo. Tampoco puede consistir en exigir pruebas contra los propios mientras se condena sin juicio a los ajenos. La regla debe ser la misma para todos.

La prueba decisiva

La respuesta responsable no es declarar culpable a nadie desde una columna. Es exigir investigaciones independientes, respeto al debido proceso, protección a denunciantes y explicaciones públicas sobre los mecanismos de prevención y control. Si un funcionario resulta inocente, que la evidencia lo aclare. Si resulta culpable, que reciba la sanción correspondiente sin protección política.

Morena puede llamarse humanista cuantas veces quiera. Lo que no puede exigir es que la ciudadanía confunda una consigna con una prueba.

Porque cuando un comerciante debe elegir entre pagar una extorsión o arriesgar su patrimonio, la pregunta no es si el gobernante se considera humanista. La pregunta es si el Estado está de su lado.

El humanismo no se demuestra protegiendo discursos. Se demuestra protegiendo personas.

Nota editorial: esta es una columna de opinión sustentada en fuentes identificadas. Las acusaciones citadas son presuntas y no equivalen a sentencias judiciales.

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