Salinas Pliego y 2030: la oposición no puede vivir de un “depende”
Opinión | Karl Vön
Ricardo Salinas Pliego quiere que se hable de él rumbo a 2030. Lo ha conseguido. Lo que todavía no ha hecho es decir, sin rodeos, si buscará la Presidencia. Cuando en mayo le preguntaron si la candidatura iba en serio, su respuesta fue una palabra: “Depende”. Después habló del costo personal y familiar y de las condiciones para entrar a la contienda. Eso describe una posibilidad política, no una candidatura anunciada.
La distinción importa. En México sobran destapes ajenos, encuestas improvisadas y fotografías convertidas en supuestas boletas electorales. Que otra figura política lo mencione tampoco equivale a una decisión suya. El empresario tiene derecho a considerar una candidatura; los ciudadanos tenemos derecho a exigirle algo más que suspenso.
El enojo no es un programa de gobierno
Salinas Pliego ha identificado un malestar real: hay mexicanos cansados de la inseguridad, de la presión económica sobre sus hogares y de una clase política que parece responder antes a su partido que a sus votantes. Su confrontación con Morena le da una voz reconocible. Pero ser el adversario más ruidoso del oficialismo no demuestra que se pueda gobernar mejor.
Si quiere pasar de provocador eficaz a aspirante serio, tendría que explicar qué haría con la seguridad, la salud, la educación, el presupuesto y la relación entre los poderes. ¿Qué decisiones tomaría primero? ¿Cuánto costarían? ¿Quién las ejecutaría? ¿Qué límites aceptaría para su propio poder? Un mensaje en redes puede señalar un problema; una Presidencia exige hacerse responsable de la solución.
También tendría que responder preguntas incómodas sobre sus negocios y sus litigios fiscales. Tener una disputa con el gobierno no descalifica por sí mismo a nadie para participar en política, y defenderse es un derecho. Pero un empresario que aspira a dirigir al Estado debe explicar con transparencia cómo separaría sus intereses privados de las decisiones públicas. No bastaría con denunciar persecución; tampoco bastaría con que sus adversarios usaran sus litigios para cancelar el debate.
Las reglas se discuten sin fabricar certezas
Esta semana volvió a sonar su nombre por la reforma constitucional sobre doble nacionalidad para aspirantes a ciertos cargos, incluida la Presidencia. Reuters informó el 2 de octubre que el cambio ya había pasado por el Congreso y la mayoría de los congresos estatales, pero aún esperaba la declaratoria formal. Salinas sugirió que se buscaba cerrarle el paso. El mismo reporte señaló que él afirmó no tener doble nacionalidad y que la agencia no pudo verificar de manera independiente ese dato.
Por eso sería irresponsable afirmar que hoy está impedido para contender o que la reforma fue diseñada exclusivamente para él. Sí es legítimo discutir si las reglas de acceso al poder se cambian con criterios generales y claros, y pedir que quienes las promueven expliquen sus razones. La calidad democrática se mide también por cómo se trata a los posibles adversarios.
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Que decida y se someta al escrutinio
Mi postura es sencilla: si Salinas Pliego quiere competir en 2030, que lo diga cuando esté listo y que presente un proyecto verificable. Si decide no hacerlo, que no se venda cada crítica al gobierno como el primer acto de una campaña. La oposición necesita opciones, organización y propuestas; no puede hipotecar cuatro años a la expectativa de un “depende”.
Una candidatura no se gana con seguidores, dinero ni volumen de voz. Se gana convenciendo a ciudadanos que no piensan igual, formando un equipo capaz y aceptando preguntas difíciles. Ese examen debe aplicarse tanto a Salinas Pliego como a cualquier figura que aspire a gobernar México. Hasta entonces, hay una conversación sobre 2030, pero no un candidato confirmado.
Karl Vön
Monterrey News

