OPINION

Si la 4T no hubiera robado ni un peso: ¿cómo sería México hoy?

La pregunta incómoda no es “quién robó”, sino “cuánto nos cuesta que el Estado no funcione”.

Planteemos tu hipótesis sin conceder: que la llamada 4T (y su aparato federal) no fuera corrupta y que no se hubiera desviado ni un peso. No es un juicio penal, es un ejercicio de investigación con datos públicos: ¿qué cambia en un país cuando el gobierno compra, construye, administra y fiscaliza sin fuga, sin moches, sin sobreprecios maquillados, sin opacidad?

La respuesta no es “México sería Suiza”. México arrastra problemas históricos. Pero sí habría diferencias medibles: más dinero útil, mejores servicios, más confianza, y sobre todo menos impunidad, que es la madre de casi todas las demás crisis.

La base: ¿cuánto cuesta la corrupción en México?

No hay una cifra perfecta, pero hay rangos serios. Estudios y revisiones citadas por organismos y centros académicos han estimado que la corrupción puede costar entre 2% y 10% del PIB, y un cálculo recurrente (conservador-intermedio) la coloca alrededor de 5% del PIB. 

Para ponerlo en pesos: el PIB nominal de México rondó 35.323 billones de pesos en 2024 (dato INEGI). 

2% del PIB ≈ 706 mil millones de pesos 5% del PIB ≈ 1.77 billones de pesos

Ojo: esto no significa que “ese dinero estaba en una caja lista para recuperarse”. Significa que, en un sistema sin corrupción real, habría menos pérdidas por contratos inflados, compras sin competencia, desvíos, obras ineficientes, sobornos, litigios y mala asignación del gasto.

Primera consecuencia: el Estado compraría mejor (y el ciudadano lo sentiría en salud)

Una de las grietas donde más se va el dinero no es el “robo de película”, sino el gasto público mal comprado: adjudicaciones directas, poca competencia, proveedores privilegiados, y contratos opacos.

IMCO ha documentado que en 2022 una parte relevante del gasto en compras públicas se hizo mediante asignación directa (y otros mecanismos que reducen competencia), elevando el riesgo de corrupción y de ineficiencia. 

En un México “sin robo” la diferencia sería tangible en:

Medicinas y hospitales

Compras con licitaciones limpias y trazables. Menos intermediarios “fantasma”. Abasto más estable y costos más bajos. Menos pretextos burocráticos para no surtir.

Traducción al hogar: menos vueltas al consultorio, menos “no hay”, menos gasto de bolsillo.

Segunda consecuencia: megaproyectos con menos sobrecosto… o con evaluación real

Aquí viene la parte que más duele políticamente: los sobrecostos. Hay proyectos emblemáticos cuyo costo final ha sido muy superior al estimado inicial.

Ejemplo: la refinería Olmeca (Dos Bocas) ha sido reportada con un costo cercano a 20,959 millones de dólares, muy por encima del presupuesto originalmente planteado. 

Otro ejemplo: el Tren Maya ha sido citado en reportes como un proyecto que llegó a rondar 500 mil millones de pesos en costo total. 

Ahora, la pregunta clave:

¿Y si no hubiera corrupción?

Un país sin corrupción no garantiza obras baratas. Sí garantiza algo más importante: gobernanza.

Auditorías en tiempo real. Contratos abiertos. Competencia real en proveedores. Penalidades efectivas por incumplimiento. Y, si el proyecto no cuadra costo/beneficio, se corrige o se detiene.

¿Te imaginas una refinería costosa que además rinda a plena capacidad y con transparencia total, sin “caja negra”? El costo político bajaría porque el ciudadano vería resultados y datos. (Hoy, además, Dos Bocas ha enfrentado retos operativos y de producción según reportes de prensa.  )

Tercera consecuencia: más confianza y mejor Estado de derecho

La corrupción no solo roba dinero: rompe la ley y vuelve inútil al ciudadano frente al poder.

México obtuvo 26/100 y lugar 140/180 en el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 de Transparencia Internacional, una señal de deterioro y desconfianza institucional. 

Y en el WJP Rule of Law Index, México aparece con rezagos relevantes en el panorama global. 

En un México hipotético sin corrupción real, lo esperable sería:

Mejor cumplimiento de reglas en compras, permisos y justicia. Menos impunidad (castigo, no discurso). Menos extorsión en la vida diaria (tránsito, trámites, inspecciones).

Esto produce un efecto dominó: más inversión, más empleo formal, mejores servicios locales, y un Estado que no se siente como “enemigo” del ciudadano.

Entonces, ¿cómo sería México hoy?

Si de verdad no se hubiera robado “ni un peso”, México a finales de 2025 probablemente se vería así:

Más capacidad en salud pública, no por milagro, sino por compras limpias y gasto eficiente. Obras con datos, no con propaganda: o funcionan, o se corrigen. Más dinero disponible para seguridad, justicia local, mantenimiento urbano, agua, escuelas y hospitales. Más confianza: menos cinismo social, menos “todos roban”, porque habría consecuencias reales. Menos polarización artificial: la gente discute resultados, no fe política.

No sería un paraíso. Sería algo más modesto y más valioso: un país donde el dinero alcanza porque el gobierno deja de comportarse como hoyo negro.

Conclusión

Cuando el poder presume austeridad y moral, pero se niega a transparentar costos, contratos y resultados, no estamos ante una discusión ideológica: estamos ante un problema de Estado.

La corrupción no siempre se ve como “maletín con billetes”. A veces se ve como:

compras sin competencia, obras sin evaluación, cifras reservadas, y castigos que nunca llegan.

Y eso, aunque no robe “ni un peso” en efectivo, sí le roba futuro al país.