Samuel García y la “política del anuncio”: Tesla, Nvidia, Metro y otras promesas que no llegaron a tiempo

En Nuevo León ya se volvió costumbre: primero el anuncio grande, después el ajuste de fechas, y al final la explicación de que “siempre no era así”. El problema no es soñar en grande; el problema es venderlo como hecho cuando todavía es promesa.
Tesla: se anunciaron fechas de arranque y la obra no inició; Elon Musk frenó el proyecto a la espera del contexto electoral en EE. UU. Nvidia: el gobernador anunció una inversión millonaria; Nvidia negó a Reuters que exista un plan de inversión de ese tipo. Metro para el Mundial: se prometió “listo” para 2026; el propio Estado reconoció que no se cumplirá y se empuja al 2027.
Cuando el gobierno vive de anuncios, la realidad llega tarde… y el ciudadano paga el costo.
1) Tesla: del “ya merito empieza” a la pausa indefinida
La Gigafactory de Tesla fue presentada como el gran trofeo económico del sexenio. El problema es que, según Milenio/Telediario, el propio gobierno fue poniendo fechas (por ejemplo “arranca en el primer trimestre”) y, meses después, seguía sin iniciar la construcción.
Y luego vino el golpe frío: El País reportó que Elon Musk anunció que pausaría la construcción y esperaría el resultado de la elección en Estados Unidos para decidir si el proyecto seguía.
Aquí no se trata de “culpar al gobernador” por decisiones corporativas, sino de algo más simple: presentar como inminente lo que todavía no era un hecho. Cuando un político vende la fecha antes de tener el “sí” definitivo, queda expuesto.
2) Nvidia: el anuncio… y el desmentido
Este caso es todavía más delicado por una razón: no es solo retraso, es contradicción pública.
En noviembre de 2025 se difundió que Nvidia invertiría en un centro de datos en Nuevo León. Sin embargo, Reuters reportó que Nvidia negó que tuviera planes de inversión de mil millones de dólares en la región.
El País también informó del anuncio y el contexto de la apuesta estatal por IA.
Cuando una empresa del tamaño de Nvidia sale a negar un anuncio gubernamental, el daño no es solo político: pega en credibilidad y en la reputación del estado frente a otros inversionistas.
3) Metro para el Mundial: de “listo en 2026” a “no se cumple”
Aquí está la promesa que hoy indigna a medio Monterrey: Samuel García prometió que las Líneas 4, 5 y 6 estarían listas en mayo de 2026 para el Mundial, pero El Norte reportó que el Estado confirmó que no se cumpliría y que se concluirían hasta 2027.

El propio diario volvió a documentar el tema como recuento: se prometió terminar para 2026 y no será así.
Y para enredar más el mensaje público, en diciembre de 2025 aparecieron notas de avance y “tramo comprometido”, con cifras como 78%.
Pero el punto ciudadano es brutalmente sencillo: no se prometió “avance”; se prometió “Metro listo”.
4) Nuevo estadio de Tigres: promesas que se vuelven trámite eterno
En 2023, se publicó que Samuel García se comprometió a iniciar obras “en verano” (en el contexto del proyecto del nuevo estadio).
¿Y en 2026? Reporte Índigo explicó que lo que hoy se busca consolidar no es el mismo proyecto anunciado originalmente y que se sigue moviendo en carriles administrativos.
Aquí el patrón se repite: el anuncio sale rápido; el aterrizaje real se alarga… y el ciudadano se queda con la sensación de “otra promesa que se pateó”.
5) Transporte “gratis”: cuando la frase suena bien, pero no es cierta
No todo es “obra física”. También hay promesas/afirmaciones de narrativa. En octubre de 2025, Animal Político verificó como engañosa una afirmación de Samuel García sobre que el transporte era gratis para todas las mujeres.
Ese tipo de frases son políticamente rentables, pero la verificación muestra el riesgo: cuando el discurso exagera, la confianza se cae.
¿Por qué el gobernante mexicano miente tanto?
La pregunta incomoda, pero muchos ciudadanos la repiten en voz alta: ¿por qué tantos gobernantes en México prometen de más, anuncian antes de tiempo y luego “acomodan” la realidad?
Tres razones típicas (y ninguna justifica el abuso):
La política del ciclo corto: el anuncio da titulares hoy; la obra se entrega (tal vez) en años. Control de agenda: cuando no hay resultados, se avienta otra promesa para dominar la conversación. Propaganda de percepción: se vende avance como si fuera entrega, y se apuesta a que la gente olvide.
El antídoto es viejísimo y siempre funciona: menos boca y más hechos. Fechas claras, contratos públicos, metas verificables, y rendición de cuentas cuando no se cumpla.
Conclusión: un conteo conservador de “incumplimientos/contradicciones” ya es grave
Si contamos solo los casos con evidencia pública clara de retraso, desmentido o no cumplimiento del plazo prometido, salen al menos cinco episodios fuertes: Tesla (fechas fallidas + pausa), Nvidia (desmentido), Metro Mundial (no se cumple 2026), Estadio Tigres (no arrancó en el “verano” prometido) y Transporte “gratis” (dicho engañoso verificado).
Y eso sin meter otras “promesas blandas” (sin fecha o sin indicador medible) donde la discusión se vuelve eterna.
El fondo es este: una ciudad no se gobierna con anuncios; se gobierna con entregas.
Karl Vön

