Regalos con dinero público
“Regalos con dinero público”: el FCE gastó 25 mdp para enviar 2.5 millones de libros a ocho países
Por Karl Vön • Monterrey News
Mientras millones de familias mexicanas hacen cuentas para cerrar el año, una cifra comenzó a circular con fuerza en redes y medios: 25 millones de pesos para regalar libros fuera de México.
No es un rumor suelto. De acuerdo con información obtenida a través de una respuesta oficial derivada de una solicitud de transparencia, el Fondo de Cultura Económica (FCE), encabezado por Paco Ignacio Taibo II, destinó al menos 25 millones de pesos para la impresión, distribución y pago de derechos de autor de la colección “25 para el 25”.
¿Qué es “25 para el 25”?
Se trata de una colección integrada por 27 títulos de autoras y autores latinoamericanos, diseñada —según lo presentado públicamente— para acercar literatura a jóvenes de entre 15 y 30 años. La meta es masiva: cada título tendría un tiraje de 60 mil ejemplares. Traducido: alrededor de 2.5 millones de libros.
¿A qué países se enviarán?
Los ejemplares se contemplan para distribuirse en ocho países: Cuba, Colombia, Venezuela, Chile, Paraguay, Honduras, Guatemala y Uruguay.
Hasta aquí, la idea suena noble: fomentar lectura. El problema no es la lectura. El problema es el uso del dinero público, el destino, la ejecución y la rendición de cuentas.
Lo que la cifra obliga a preguntar (y lo que no se ha respondido con claridad)
1) ¿Por qué estos países y no fortalecer bibliotecas, escuelas y programas de lectura dentro de México, donde la carencia también es real?
2) ¿Cuál fue el criterio exacto para seleccionar títulos, derechos y editoriales, y cómo se justificó el costo final por obra (impresión, logística y derechos)?
3) ¿Quién supervisa la entrega efectiva, para evitar que el proyecto termine en bodegas, eventos políticos o “foto” institucional sin impacto real?
4) ¿Cuál será el indicador de éxito? ¿Cuántos jóvenes leerán, terminarán y se engancharán con la lectura por esta intervención específica?
El punto sensible: la forma de gobernar el relato
El proyecto fue presentado como una operación sin precedentes, pero también ha estado rodeado de polémicas: desde la selección de autores (y la baja presencia de mujeres frente al tamaño del programa) hasta el tono con el que se respondió a cuestionamientos públicos.
Cuando un gobierno presume austeridad y al mismo tiempo ejecuta gastos “simbólicos” de alto impacto mediático, la pregunta es inevitable: ¿esto es política cultural… o propaganda cultural?
Dato operativo que también prende focos
En reportes recientes se señala que no toda la colección estaba terminada al ritmo prometido: solo una parte de los títulos habría concluido su fabricación mientras la producción total se esperaba para cierre de diciembre. En proyectos de esta escala, eso importa, porque el gasto no se mide por anuncios, sino por resultados verificables.
Nadie con dos neuronas funcionales diría que leer es malo. Leer salva. Forma criterio. Evita fanatismos.
Pero gastar 25 millones de pesos en “regalos” al exterior, en un país donde escuelas y hospitales también están a dieta, exige algo más que discursos: exige transparencia total, auditoría social y resultados medibles.
La lectura es un derecho. La opacidad no.
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