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¿Por qué el gobierno de Sheinbaum defiende tanto a Cuba y qué se sabe realmente detrás del discurso?

Relaciones peligrosas

por Karl Vön

Esto parece una discusión ideológica… hasta que te das cuenta de que se vuelve dinero, petróleo, contratos y narrativa política. Cuando México “apoya” a Cuba, la pregunta no es solo moral: también es qué se está comprometiendo, a qué costo y con qué nivel de transparencia.

Lo esencial del tema (3 puntos):

La defensa pública se explica por doctrina diplomática, afinidad política y conveniencia narrativa.  Hay hechos verificables: ventas/relación energética y ayuda humanitaria, además de cooperación en salud (médicos).  Lo que NO está probado con evidencia pública sólida: que existan “favores secretos” personales; lo responsable es exigir documentos, contratos y auditorías, no rumores. 

La frase que manda aquí: sin transparencia, la “solidaridad” se convierte en cheque en blanco.

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La postura oficial: “humanismo” y rechazo a “ahorcar a un pueblo”

La presidenta Claudia Sheinbaum ha enmarcado la relación con Cuba en términos de solidaridad y ayuda humanitaria, y ha criticado medidas externas que —en su narrativa— castigan a la población cubana. Esa línea se resume en una idea repetida: que “no debe ahorcarse a un pueblo”. 

Esa postura conecta con una tradición diplomática mexicana: no intervención, autodeterminación y relaciones estables aun con gobiernos controvertidos. En el discurso, se vende como “principios”; en la práctica, se vuelve una política que siempre tiene costo y beneficiarios.

Lo verificable: petróleo, ayuda y una relación que ya es estructural

Aquí conviene separar la emoción de los hechos.

Ventas y relación energética

Distintos reportes han documentado que Pemex mantiene un contrato comercial vigente desde 2023 y que en 2025 el valor reportado de exportaciones a Cuba fue de 496 millones de dólares, con pagos “conforme a lo estipulado”, según lo declarado por directivos de la empresa. 

Esto es importante por dos razones:

No todo es “donación”: hay operación comercial y, por tanto, intereses.  Cuando se mezcla “ayuda” con “contrato”, la transparencia se vuelve obligatoria.

Ayuda humanitaria

También se ha informado del envío de buques con ayuda humanitaria (toneladas de víveres) como respuesta a una crisis energética y humanitaria en la isla. 

Hasta aquí, los hechos existen. La discusión real es cómo se decide, cómo se reporta y cómo se audita ese apoyo.

El punto que casi nadie quiere tocar: México evita dar detalles

Aquí es donde el debate se vuelve serio.

Hay reportes periodísticos que señalan que el gobierno mexicano ha evitado detallar con precisión aspectos de los envíos de petróleo a Cuba, aunque los justifique como “ayuda humanitaria”. 

Cuando un gobierno pide que el público confíe “porque es por el bien del pueblo”, pero al mismo tiempo se reserva la información clave, es normal que surjan preguntas: ¿cuánto fue venta?, ¿cuánto fue donación?, ¿a qué precio?, ¿por qué canal?, ¿bajo qué autorización? 

No es conspiración: es rendición de cuentas.

Médicos cubanos: cooperación en salud que amarra políticamente

Otro pilar de la relación México–Cuba es la colaboración en salud.

Hay evidencia pública de convenios para incorporar miles de médicos cubanos al sistema de salud mexicano, presentado como refuerzo en zonas con falta de especialistas. 

Más allá del debate moral o profesional, esto crea un hecho político: cuando una política pública depende de cooperación externa, romper la relación se vuelve más costoso. No solo es ideología; es operación y logística.

Entonces, ¿por qué la defensa tan intensa?

Hay tres motores principales que explican el “por qué”, sin necesidad de inventar “favores ocultos”:

1) Identidad política y narrativa regional

Para una parte de la izquierda latinoamericana, Cuba funciona como símbolo: resistencia, anti-sanciones y soberanía. Defender a Cuba manda un mensaje a la base política: “no nos alineamos con presiones externas”. 

2) Continuidad de política exterior mexicana

México ha mantenido históricamente relaciones con Cuba aun cuando otros países las congelan. El gobierno actual lo presenta como congruencia diplomática.

3) Intereses prácticos y costos de salida

Si ya hay contratos, logística y acuerdos (energía, ayuda, salud), cortar o cambiar el rumbo exige explicar números, responsabilidades y decisiones. Y ese es el punto: explicar con documentos es más difícil que explicar con discurso.

La pregunta incómoda que separa propaganda de realidad

Si esto es puramente “humanismo”, ¿por qué no hay transparencia total y verificable de cada envío, contrato y condición? 

Esa pregunta es legítima, democrática y necesaria. Y también es la que más molesta, porque obliga a dejar la poesía política y entrar al terreno de los hechos.

¿“Favores” de Cuba a Morena? Lo que se puede afirmar y lo que no

Aquí hay que ser firmes:

Sí se puede afirmar: existe una relación de cooperación y apoyo que incluye energía, ayuda y salud, documentada públicamente.  No se puede afirmar con evidencia pública sólida: que Sheinbaum o Morena “deban favores secretos” personales al régimen cubano. Para sostener eso se necesitarían pruebas documentales (contratos ocultos, transferencias, auditorías, testimonios verificables).

Lo responsable, si a alguien le preocupa el tema, es exigir:

contratos completos, cifras desglosadas, autorizaciones, y auditorías públicas.

Eso es más poderoso que cualquier rumor.

Conclusión: la solidaridad no está peleada con la verdad

Ayudar a un pueblo puede ser noble. Pero ayudar sin transparencia abre la puerta a abusos, discrecionalidad y propaganda.

En una democracia, no basta con “créeme”. Se exige: muéstrame.

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