México

Pemex oculta las pérdidas de Gas Bienestar: el programa “social” que no quiere rendir cuentas

El Gas

Por Karl Vön

Lo más grave no es el dato: es la negativa a decirlo.

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A cuatro años de su lanzamiento como “solución” para vender gas LP a “precio justo”, Gas Bienestar volvió a la conversación pública por un motivo incómodo: Pemex se negó a informar si el programa tiene pérdidas o ganancias, así como detalles básicos de su operación (rutas activas, inventarios, expansión o reducción). 

La respuesta reaviva un debate de fondo: ¿cómo puede un programa creado desde el gobierno, operado por una empresa del Estado y financiado con recursos públicos, tratar sus números como si fueran secreto empresarial?

Qué pidió la gente y qué contestó Pemex

De acuerdo con el reporte publicado este 23 de diciembre, se solicitó información elemental para evaluar el desempeño del programa: si opera con pérdidas, cuántas rutas mantiene, si tiene inventarios y si se expandió o se redujo. La respuesta, según el medio, no entrega esos datos y se ampara en argumentos legales para no transparentarlos. 

El fondo es simple: sin cifras, no hay evaluación pública. Solo narrativa.

La puerta legal: “filial” y “derecho privado”

El punto clave es el enfoque: Pemex ha sostenido en casos recientes que sus filiales pueden operar como sociedades mercantiles de “derecho privado”, con lo cual intenta colocarlas fuera del alcance pleno de obligaciones de transparencia. Esto ya se ha discutido públicamente a propósito de Gasolinas Bienestar, donde Pemex negó información alegando precisamente ese carácter “privado”. 

En el caso de Gas Bienestar, el patrón que describen medios es similar: se usa la estructura corporativa como escudo para no rendir cuentas sobre decisiones que, en la práctica, tienen impacto nacional.

¿Qué es Gas Bienestar y qué prometió?

Gas Bienestar nació en 2021 como un proyecto del gobierno federal para distribuir cilindros de gas LP a familias, con la promesa de precios “justos”, kilos completos y mayor seguridad, iniciando en Iztapalapa y con planes de expansión. La propia Pemex difundió el arranque oficial del programa como una acción en favor de las familias de menores ingresos. 

Pero una cosa es el discurso de lanzamiento y otra el balance real.

El antecedente que incomoda: “cero utilidades” y dinero para tapar pérdidas

Aquí aparece el dato que explica por qué el tema de la transparencia es explosivo.

En mayo de 2025, El Universal reportó que Gas Bienestar registró “cero pesos de utilidades” y que Pemex habría tenido que realizar aportaciones de capital por 300 millones de pesos a sus filiales Gas Bienestar y Gasolinas Bienestar para compensar pérdidas al cierre de 2024, según un informe trimestral enviado a la Cámara de Diputados. 

Ese mismo reporte plantea el problema estructural: si el gobierno impone o sostiene una política de contención de precios, ¿quién absorbe el costo operativo y financiero? Cuando la respuesta es “la empresa del Estado”, el público tiene derecho a ver los números completos.

¿Cumplió su objetivo… o se sostiene por inercia?

El reporte de este 23 de diciembre añade otro elemento: la presidenta Claudia Sheinbaum habría señalado que se evalúa la desaparición de Gas Bienestar, bajo el argumento de que “ya cumplió” su objetivo de estabilizar el precio del gas LP. 

Esa frase abre la pregunta incómoda, la que nadie quiere contestar con datos:

¿Si ya cumplió, por qué no se publican los números finales?

Porque el cierre de un programa, en democracia, debería venir acompañado de:

costo total, impacto medible, cobertura real, comparación contra el mercado, y balance financiero.

Sin eso, la evaluación se vuelve fe. Y el Estado no está para pedir fe: está para rendir cuentas.

Austeridad para unos, opacidad para todos

El caso Gas Bienestar no está aislado. En 2025, el propio debate público sobre transparencia en Pemex se reactivó cuando la empresa argumentó que ciertas operaciones no eran sujetas a entrega de información por tratarse de filiales “privadas”, lo que —según voces citadas por El Universal— enciende “focos rojos” sobre rendición de cuentas y manejo de recursos. 

Lo que está en juego no es solo Gas Bienestar. Es el precedente: si a una filial se le permite operar como “privada” para ocultar información, entonces se crea una ruta para opacar decisiones públicas sin costo político inmediato.

Lo que sabemos hoy y lo que falta por saber

Lo confirmado por medios, hasta ahora, es:

Pemex no transparentó si Gas Bienestar opera con pérdidas o ganancias, ni información operativa básica.  Reportes previos señalan cero utilidades y aportaciones de capital para compensar pérdidas.  El gobierno federal evalúa si el programa debe continuar o desaparecer. 

Lo que falta —y es lo que debería exigir cualquier ciudadano— es:

Estados financieros claros de Gas Bienestar por año. Cobertura real (rutas, alcaldías/zonas atendidas, volumen entregado). Comparativo: cuánto costó operar vs. cuánto “ahorró” el consumidor. Si hubo subsidio directo o indirecto (capitalizaciones, apoyo logístico, infraestructura).

Conclusión: el verdadero “fracaso” es negar el dato

Una política pública puede salir bien o mal. Eso pasa.

Lo inaceptable es que un programa vendido como “bienestar” termine protegido por opacidad.

Cuando un gobierno presume “primero los pobres”, pero se niega a mostrar cifras, el mensaje se invierte: primero la narrativa, después la verdad.

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