OPINION

OPINIÓN | El silencio selectivo del chairo promedio

Hay un fenómeno curioso —aunque perfectamente predecible— en la fauna política mexicana:
el silencio estratégico del chairo promedio.

No es casualidad. No es distracción. No es ignorancia espontánea.
Es un patrón psicológico, casi un reflejo condicionado, que se repite una y otra vez en redes sociales como si siguieran un manual invisible.

1. Cuando hablas de economía familiar… desaparecen

Tocas temas incómodos:

  • inflación,
  • precios de la canasta básica,
  • gasolina más cara,
  • aumento de impuestos,
  • sueldos que no alcanzan,
  • familias que ya no completan.

Y, de pronto, silencio sepulcral.
Ni un comentario, ni una defensa, ni un meme.

¿Por qué?
Porque la cartera no permite discursos.
Ahí no existe la narrativa oficial.
No hay spot que maquille el recibo del súper, ni mañanera que llene el tanque, ni slogan que pague la colegiatura.

Cuando la realidad económica entra por la puerta,
la propaganda sale por la ventana.

Por eso callan.
Porque debatir eso significaría aceptar que su vida también se ha encarecido.

2. Pero criticas a Claudia o a AMLO… y brotan como hongos

Hablas del desempeño de Claudia, señalas un error evidente de AMLO, cuestionas las contradicciones del gobierno…
y entonces sí:

Aparecen en manada.
Rapidito.
Rabiosos.
Programados.

Defienden sin leer.
Atacan sin pensar.
Responden con insultos, no con argumentos.
Y si no tienen datos, improvisan un dogma.

Es el chairo guardián del relato, entrenado para reaccionar emocionalmente, no racionalmente.
Es la tribu defendiendo al tótem.

Porque en la mente de muchos de ellos, se vale perder dinero…
pero no se vale aceptar que su líder se equivocó.

3. La psicología del fanático político

El chairo no defiende ideas.
Defiende identidad.
Defiende pertenencia.
Defiende la ilusión de que está del “lado correcto de la historia”.

Por eso calla ante la economía —porque lo afecta a él—
y grita ante la crítica —porque siente que lo afecta a su “movimiento”.

Ese es el truco.
Ese es el patrón.
Ese es el mecanismo.

4. La realidad, tarde o temprano, rompe el hechizo

Puedes esconder un déficit.
Puedes disfrazar una crisis.
Puedes maquillar cifras.
Pero no puedes engañar para siempre al refrigerador vacío.

Y cuando la realidad económica aprieta,
hasta el más fiel fanático se pregunta —en silencio—
si el “cambio histórico” solo cambió de nombre, no de fondo.

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