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¿Por qué México continúa respaldando a la dictadura cubana?

Por Karl Vön • Monterrey News

México no “apoya” a Cuba por accidente. Lo hace por tradición diplomática, por cálculo político… y, en los hechos, por intereses concretos. La palabra clave es una: Estado. No el discurso; el aparato.

La pregunta que hiciste en el Comité de Relaciones Exteriores tiene filo, porque obliga a separar tres cosas que el gobierno mezcla a propósito: relación diplomática, cooperación práctica y respaldo político. Y ahí es donde el tema se pone incómodo.

1) La coartada histórica: “no intervención” como doctrina

México presume una política exterior basada en principios como autodeterminación, no intervención y solución pacífica de controversias, que están en la Constitución (Artículo 89, fracción X). Archivo Nacional de Seguridad

Ese marco (sumado a la tradición de la Doctrina Estrada) sirve para justificar algo muy específico: mantener relación con gobiernos cuestionados sin “calificarlos” públicamente. En papel suena elegante. En la realidad, muchas veces funciona como paraguas para no romper con aliados ideológicos.

2) El blindaje internacional: el tema del embargo en la ONU

México suele votar en la ONU a favor de terminar el embargo de EE. UU. contra Cuba, postura que es ampliamente mayoritaria en la Asamblea General. Cámara de Diputados
El gobierno usa ese punto como bandera moral: “Cuba sufre por el embargo, México defiende al pueblo cubano”. Hasta ahí, el argumento puede discutirse.

El problema es cuando ese argumento se convierte en cheque en blanco: una cosa es criticar el embargo y otra respaldar políticamente al régimen.

3) La parte que casi nunca dicen: cooperación que ya es negocio

Aquí es donde se rompe el “romance ideológico” y aparece lo duro: acuerdos y dinero.

  • Médicos cubanos en México: hay cooperación médica con contratación de personal cubano, un tema que también ha generado críticas y señalamientos desde EE. UU. sobre posibles esquemas de control del Estado cubano sobre los trabajadores. The Lancet+1
  • Energía / combustible: reportes periodísticos han documentado envíos de crudo o combustible desde México a Cuba en periodos recientes, algo especialmente sensible por el contexto de sanciones y por el estado financiero de Pemex. AP News+1

Y aquí va la pregunta inevitable (la que realmente importa):

¿Cuándo la “no intervención” deja de ser principio y se vuelve complicidad operativa?

4) La motivación política interna: el símbolo Cuba

Para una parte del oficialismo, Cuba no es solo un país: es un símbolo. Sirve para vender una narrativa de “soberanía” y “resistencia” frente a Washington. Y también sirve para cohesionar a su base: “si criticas a Cuba, eres del bando enemigo”.

Ese uso político explica por qué México evita incomodar al régimen cubano incluso cuando la realidad cubana es inocultable: represión, falta de libertades, y un éxodo masivo que no ocurre por “culpa de Twitter”.

5) “Respaldar al pueblo” vs respaldar al régimen: la línea roja

Cualquier país puede (y debe) tener vínculos humanitarios con el pueblo cubano. El punto es cómo se estructuran esos vínculos:

  • ¿Son transparentes los contratos?
  • ¿Se publica cuánto se paga, a quién, y bajo qué condiciones?
  • ¿Se protege al trabajador (médico, técnico) o se fortalece al Estado que lo controla?
  • ¿Se ayuda a la gente o se financia al régimen?

Cuando no hay transparencia, el ciudadano tiene derecho a sospechar.

6) Un dato histórico que explica el “por qué”

México ha sido, históricamente, de los países de la región que más se resistieron a aislar diplomáticamente a Cuba en momentos clave del siglo XX. Hay análisis académicos que documentan esa postura como un caso emblemático de “no intervención” en la relación bilateral. JSTOR+1
Eso construyó una inercia institucional: México prefiere sostener el vínculo y administrar el costo político.

Conclusión

México continúa respaldando a la dictadura cubana por una combinación de:

  1. Doctrina diplomática (no intervención) usada como escudo legal y retórico. Archivo Nacional de Seguridad
  2. Narrativa internacional (embargo) como bandera moral. Cámara de Diputados
  3. Intereses prácticos (cooperación médica, energía) que ya tienen dimensión material. AP News+1
  4. Cálculo político interno (Cuba como símbolo ideológico).

Tu pregunta en Relaciones Exteriores es correcta porque obliga a lo único que los incomoda: definir límites. Y el límite sano es simple: relación diplomática sí; opacidad, financiamiento y propaganda, no.

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