México sí está “pagando” agua a EE. UU. y 2026 pinta seco: lo que debe vigilar Nuevo León

El agua ya no es un tema ambiental: es un tema de seguridad y economía.
En diciembre de 2025, el Gobierno de México confirmó que está dando seguimiento al cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944 con Estados Unidos y que hay un plan de entregas para atender el rezago del ciclo anterior.
Lo relevante para Nuevo León no es el pleito político, sino la pregunta práctica: ¿de dónde sale el agua cuando el norte entra en meses secos y las presas internacionales están bajas? La propia CILA publica que presas clave del Río Bravo como La Amistad y Falcón se encontraban en niveles muy bajos a mediados de diciembre (aprox. 24% y 11% de llenado, respectivamente).
Qué significa “pagar el agua” y por qué está en la agenda
El Tratado de 1944 establece compromisos de agua entre ambos países en ríos fronterizos, y el tema del Río Bravo/Río Grande es el que hoy genera tensión por la sequía prolongada en la región.
En días recientes, medios y el propio gobierno reportaron un entendimiento para que México libere 249.163 millones de metros cúbicos de agua, con entregas iniciando la semana del 15 de diciembre y con intención de concluir el plan antes del 31 de enero de 2026.
Por qué esto importa a Nuevo León aunque el tratado suene “lejano”
Nuevo León vive de un sistema delicado: cada año dependemos de que el estiaje no se alargue y de que las cuencas del noreste no entren en estrés. Cuando el Río Bravo y sus presas internacionales están bajo presión, se abre una cadena de efectos:
Competencia regional por volúmenes y tiempos de liberación. Mayor sensibilidad ante fallas de infraestructura, fugas o mala gestión. Más vulnerabilidad si el 2026 entra con meses secos (menos recarga y más demanda).
Y aquí viene la pregunta incómoda que Nuevo León no puede ignorar: si el invierno y la primera mitad de 2026 se comportan más secos, ¿con qué colchón hídrico llegamos al siguiente pico de calor?
2026 “meses secos”: qué dicen los pronósticos climáticos serios
Hay señales climáticas que justifican cautela, aunque nadie puede prometer “cómo lloverá” municipio por municipio con meses de anticipación.
La OMM (WMO) reportó en diciembre de 2025 probabilidad de que se cruce umbral de La Niña durante dic–feb 2025–2026. El Climate Prediction Center (NOAA) también indicó que La Niña es favorecida por “uno o dos meses más”, con transición a ENSO-neutral como lo más probable en ene–mar 2026. En México, los análisis estacionales y el comportamiento del estiaje se siguen con productos oficiales (SMN/CONAGUA/CONADESUCA), donde se advierte sobre la temporada invernal y escenarios de precipitación por debajo de lo normal en ciertas regiones, según el periodo.
La traducción para el ciudadano: si el patrón seco se impone, el agua “disponible” se vuelve más cara (no necesariamente en pesos, sino en costos de extracción, bombeo, energía, presión política y riesgo social).
Lo que debe vigilar Nuevo León desde ya
Esto no es para alarmar: es para anticipar.
1) Niveles y tendencia, no solo “porcentaje”
Los porcentajes engañan si suben por una lluvia aislada y luego caen tres meses seguidos. En el norte, el indicador clave es la tendencia semanal y el “colchón” para el pico de calor.
Para el contexto regional fronterizo, la CILA publica reportes preliminares constantes de presas internacionales y afluentes mexicanos del Río Bravo.
2) Sequía municipal y expansión del estrés hídrico
CONAGUA tiene indicadores por municipio y reportes de sequía que permiten ver dónde se está encendiendo el foco y si se mueve hacia zonas metropolitanas o rurales.
3) Qué compromisos se asumen “sin afectar consumo humano”
El mensaje oficial suele enfatizar que los acuerdos se buscan “sin comprometer el abasto”, pero el reto real es técnico: cómo se cuida el consumo humano cuando los sistemas ya venían tensos.
4) Infraestructura, fugas y gobernanza: el enemigo silencioso
En épocas secas, la conversación pública se va a “que llueva”, cuando el golpe fuerte suele estar en:
fugas, infraestructura vieja, presión insuficiente, almacenamiento y distribución, y coordinación entre niveles de gobierno.
Qué podría pasar en 2026 en el noreste si el escenario seco se confirma
Sin caer en futurismo barato, hay tres riesgos realistas:
Más medidas de control (restricciones por horarios/zonas) si la demanda supera el suministro. Golpe a actividad económica (servicios, industria con alto consumo, construcción) por costos y disponibilidad. Conflicto social (colonias con baja presión y cortes frecuentes) si no hay comunicación y plan preventivo.
El punto es simple: cuando el agua se vuelve tema binacional y además entra un ciclo seco, Nuevo León debe operar como si el margen de error fuera mínimo.
Conclusión
México sí está ejecutando acciones para atender compromisos de agua con EE. UU. bajo el Tratado de 1944 y hay un plan de liberación reportado para cerrar enero de 2026.
Al mismo tiempo, los pronósticos internacionales colocan a La Niña como un factor presente hacia el invierno 2025–2026 y transición a neutral en el arranque de 2026, lo que eleva la necesidad de monitoreo fino porque el noreste suele resentir los periodos secos.
Nuevo León no necesita pánico: necesita tablero de control, datos semanales y plan de estiaje con metas públicas.

