México: bajan los homicidios… pero suben las desapariciones

Esto hay que decirlo sin propaganda y sin ceguera: una cifra puede mejorar y aun así el país seguir sangrando.
- Dato oficial: el promedio diario de homicidios dolosos habría bajado de 86.9 (sep 2024) a 52.4 (dic 2025), una reducción cercana al 40% (34 homicidios menos al día).
- Contexto clave: el gobierno atribuye la baja a su estrategia (coordinación, inteligencia, atención a causas).
- Alerta roja: en 2025 se registraron 33,595 reportes de desaparición (incluye localizadas y no localizadas), y 13,814 seguían desaparecidas o no localizadas al corte de diciembre.
La fotografía “bonita”: homicidios a la baja
En la mañanera del 8 de enero de 2026, el gobierno presentó una narrativa clara: México estaría registrando su nivel más bajo de homicidios dolosos desde 2016, con una caída cercana al 40% entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025.
Ese descenso —de confirmarse en sus cifras finales— es relevante. No es poca cosa. Un país con menos asesinatos diarios es, por definición, un país donde más gente llega viva a su casa.
Pero aquí viene el punto incómodo: las estadísticas oficiales cuentan parte de la historia, no toda. Incluso Reuters subraya un detalle que muchos pasan por alto: las cifras oficiales pueden ajustarse cuando se consolidan con registros posteriores (por ejemplo, los que publica INEGI).
En otras palabras: la tendencia importa, sí… pero el cierre contable también.
¿Entonces el problema está resuelto?
No. Y aquí es donde conviene dejar el aplauso fácil y entrarle al análisis serio.
La fotografía “oscura”: desapariciones que no dejan respirar
Mientras el discurso celebra la reducción de homicidios, otra cifra crece como sombra larga: las desapariciones.
De acuerdo con un corte citado sobre el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), del 1 de enero al 18 de diciembre de 2025 se registraron 33,595 personas “desaparecidas, no localizadas o localizadas”; de ese universo, 13,814 permanecían desaparecidas o no localizadas.
Y el dato más pesado, el que no debería permitirle dormir tranquilo a ningún funcionario: el acumulado de personas desaparecidas o no localizadas ronda 133,520 (al mismo corte).
Eso, traducido a lenguaje humano, significa que hay cientos de miles de familias viviendo con un cuarto vacío, con una silla que nadie usa, con una llamada que no llega.
El caso de menores: el termómetro más cruel
En 2025 se reportaron 10,684 desapariciones de niñas, niños y adolescentes; 2,856 seguían sin ser localizados, lo que representaría un aumento de 30% frente a 2024 (según REDIM en reportes retomados por prensa).
Si la violencia es un incendio, esto es humo dentro de la casa.
La pregunta que México debe hacerse
Aquí va la pregunta obligatoria a mitad del texto (porque sin preguntas no hay pensamiento, solo porras):
Si bajan los homicidios, pero suben las desapariciones, ¿realmente estamos más seguros… o solo estamos contando distinto?
Dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo
Para no caer en el juego de “todo está bien” contra “todo está peor”, hay que aceptar una verdad adulta: sí puede haber una reducción real en homicidios reportados y, a la vez, una crisis creciente de desapariciones.
- La reducción de homicidios puede deberse a factores reales: operativos, reacomodos criminales, presión en zonas específicas, coordinación institucional, etc.
- Pero el aumento en desapariciones indica que la violencia no desaparece: cambia de forma. Y ese cambio tiene implicaciones terribles, porque la desaparición borra rastro, rompe la investigación y multiplica la impunidad.
No se trata de negar avances. Se trata de no venderlos como final feliz cuando el capítulo más oscuro sigue abierto.
Lo que dicen críticos y colectivos
Organizaciones y colectivos han insistido en que la crisis de desapariciones no puede tratarse como “nota al pie”, y que el Estado debe fortalecer búsqueda, identificación forense, coordinación y rendición de cuentas. Además, algunos análisis periodísticos han documentado que, aunque ciertos delitos bajen, otros se mantienen o empeoran, y que las desapariciones siguen siendo un problema persistente.
Y aquí conviene ser precisos: la idea de que parte de las desapariciones “ocultan” homicidios es una hipótesis que circula en el debate público; no es una verdad automáticamente comprobada caso por caso. Pero sí es un foco rojo lógico: si desaparece el cuerpo, desaparece la estadística más directa.
Qué debería medirse (y exigirse) para hablar de seguridad de verdad
Si México quiere una conversación seria —no un show de cifras— hay tres preguntas básicas que deberían acompañar cualquier anuncio:
1) ¿Bajan los homicidios en todos los estados o solo en algunos?
Porque promedios nacionales a veces ocultan infiernos locales.
2) ¿Cuántos desaparecidos se buscan realmente y cuántos se “administran”?
Y aquí importan presupuesto, personal, tecnología, bases de datos y coordinación.
3) ¿Qué pasa con la impunidad?
Sin castigo, el crimen no se corrige: se profesionaliza.
Conclusión
Sí: una reducción sostenida de homicidios reportados sería un avance y merece reconocimiento con prudencia.
Pero no: eso no significa que la violencia haya desaparecido ni que el país esté “arreglado”. El crecimiento de las desapariciones es una alarma nacional y exige más atención, más recursos, más búsqueda efectiva y menos propaganda.
Karl Vön

