La salida de Nicolás Maduro sacude a Cuba y reaviva temores de colapso económico

La estabilidad de Cuba vuelve a estar en el centro del debate internacional.
La reciente salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela ha generado un impacto inmediato en la isla, exponiendo una fragilidad económica que llevaba años acumulándose y que ahora enfrenta uno de sus momentos más delicados.
Dependencia energética: el talón de Aquiles cubano
Durante más de dos décadas, Cuba construyó buena parte de su estabilidad energética sobre el suministro preferencial de petróleo venezolano. A cambio de apoyo político y asesoría estratégica, Caracas enviaba crudo que permitía mantener operando la red eléctrica, el transporte público y sectores clave de la economía cubana.
Con Maduro fuera del escenario, ese flujo quedó en entredicho. El resultado inmediato ha sido un aumento en la incertidumbre sobre la capacidad del Estado cubano para sostener servicios básicos, particularmente en un contexto donde los apagones y la escasez ya eran parte de la vida cotidiana.
Una crisis que no empezó hoy
Es importante subrayar que Cuba no entra en crisis por un solo evento. La economía de la isla ya enfrentaba problemas estructurales profundos:
Bajos niveles de productividad Falta de divisas Infraestructura obsoleta Dependencia de aliados externos Sanciones internacionales que limitan el acceso a financiamiento
La salida de Maduro no crea el problema, pero acelera un deterioro que ya estaba en marcha. La diferencia ahora es que Cuba pierde a su principal respaldo energético y político en América Latina.
El riesgo del “colapso”: ¿realidad o advertencia?
Cuando se habla de “colapso”, no se trata necesariamente de una caída inmediata del régimen o de un apagón total del Estado, sino de algo más gradual y peligroso:
una combinación de escasez prolongada, malestar social, presión migratoria y pérdida de control económico.
Analistas internacionales coinciden en que Cuba entra en una fase de vulnerabilidad extrema. Sin un sustituto claro del petróleo venezolano, el gobierno cubano se ve obligado a buscar apoyos alternativos, reducir consumo interno o aceptar condiciones externas que históricamente ha evitado.
Impacto regional y geopolítico
La situación cubana no ocurre en el vacío. América Latina observa con atención este nuevo escenario:
Se reconfiguran alianzas políticas en la región. Países que antes respaldaban abiertamente al eje Caracas–La Habana ahora guardan distancia. El tema migratorio vuelve a tomar fuerza ante un posible agravamiento de la crisis cubana.
Además, el caso cubano vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan sostenibles son los modelos económicos que dependen de un solo aliado externo?
¿Qué viene para Cuba?
En el corto plazo, el panorama apunta a más restricciones, ajustes forzados y tensión social. En el mediano plazo, la isla enfrenta una disyuntiva histórica:
persistir en un modelo cada vez más frágil o iniciar cambios estructurales que hasta ahora se han pospuesto.
La salida de Maduro no significa el colapso inmediato de Cuba, pero sí marca un punto de inflexión. La isla entra en una etapa donde los márgenes de maniobra son mínimos y las decisiones que se tomen —o no se tomen— definirán su futuro.
Conclusión
La sacudida que hoy vive Cuba es el reflejo de una dependencia prolongada y de un modelo económico agotado. La salida de Nicolás Maduro funciona como catalizador de una crisis que llevaba años gestándose.
Más que un colapso instantáneo, el verdadero riesgo es una erosión lenta pero constante que termine por dejar al país sin opciones viables.

