México

El peligro de la división del pueblo en México: cuando la política convierte al vecino en enemigo

Callando a la gente

Esto parece “solo pleito en redes”, pero no lo es: la polarización se traduce en desconfianza, parálisis y violencia social. México ya arrastra desigualdad, corrupción e inseguridad desde hace décadas… y aun así, en los últimos años se normalizó un estilo de poder que gobierna separando: “los buenos” contra “los malos”, “el pueblo” contra “los otros”.

Lo esencial :

  • La polarización no nace con Morena, pero se aceleró con una narrativa que divide entre “fieles” y “traidores”.
  • Cuando se rompe la confianza, la democracia se vuelve frágil: en la región el apoyo explícito a la democracia ronda el 52% (Latinobarómetro 2024).
  • En contextos de violencia, la polarización es gasolina: el Índice de Paz México ha documentado cómo el debate polarizado suele girar alrededor de asesinatos de periodistas, crimen organizado y abusos.

La frase ancla (para no perder el hilo): Cuando el gobierno enseña a odiar, la nación se vuelve ingobernable.


La polarización no es “debate”: es identidad tribal

Una sociedad democrática puede discutir fuerte sin romperse. El problema empieza cuando la política deja de ser ideas y se vuelve identidad: “si no estás conmigo, estás contra mí”.

Investigaciones académicas sobre México describen patrones de polarización ideológica, partidista y afectiva, y señalan un eje nuevo: estar “a favor” o “en contra” de la 4T, más allá de propuestas concretas.
Eso es clave: cuando el eje se vuelve moral (“buenos” vs “malos”), el desacuerdo ya no es una diferencia, es una “ofensa”.


Morena y la estrategia de dividir para mandar

Seamos directos: Morena no inventó la división, pero sí la volvió método.

En el sexenio de López Obrador (y con continuidad política después), se consolidó una comunicación que simplifica al país en bandos. Eso tiene utilidad electoral: ordena el mundo, crea lealtades y disciplina a los propios. Integralia (riesgos políticos 2024) coloca el “clima de polarización” como un factor relevante para gobernabilidad y entorno político.

¿El costo? En una nación con inseguridad y desigualdad, fracturar el tejido social es una apuesta peligrosa: el día que falte autoridad o legitimidad, ya no hay puentes, solo trincheras.


El daño invisible: la confianza se rompe y luego no regresa

La polarización no solo “calienta” el ambiente: erosiona la confianza, y sin confianza no hay cooperación. Eso se nota en cómo la gente percibe al Estado.

Por ejemplo, la ENCOAP (INEGI) mide percepciones de confiabilidad institucional. Allí se observa, entre otros datos, que una parte importante de la población duda de que el gobierno decida con base en evidencia (49.4% lo ve “probable”), y que la confiabilidad del Estado se evalúa con criterios que van desde preparación ante emergencias hasta estabilidad de reglas.

Cuando una mitad del país cree que la otra mitad es “enemiga”, cualquier política pública se vuelve sospechosa: salud, seguridad, educación, energía… todo se interpreta como “jugada”.


Polarización + violencia: el combo que México no debería normalizar

México no debate en un salón europeo: debate en un país con crimen organizado y regiones donde la vida cotidiana ya es tensa. El Índice de Paz México ha señalado que las conversaciones polarizadas suelen enfocarse en asesinatos de periodistas, amenazas de cárteles y violaciones de derechos humanos.

Y cuando el discurso se vuelve deshumanizante (“animales”, “traidores”, “vendidos”), se abre la puerta a que el fanatismo justifique agresiones. No hace falta que alguien “ordene” violencia: basta con sembrar la idea de que el otro “merece” castigo.

Pregunta obligatoria (retención): ¿De verdad queremos un país donde tus ideas políticas definan si mereces respeto… o linchamiento social?


La democracia se vuelve “hueca” cuando la gente se cansa

Aquí hay un dato durísimo para pensar en clave evergreen: en América Latina, el apoyo explícito a la democracia llega al 52% (Latinobarómetro 2024). Y el informe advierte incongruencias: países pueden tener “apoyo difuso” alto, pero menos respaldo explícito, lo que deja terreno para soluciones autoritarias “si funcionan”.

Eso importa para México porque, cuando la polarización domina, la gente se harta y pide “mano dura”, “que alguien ponga orden”, “que cierren el Congreso”, “que desaparezcan contrapesos”. Y entonces, la división ya no es un pleito: es una vía rápida al deterioro institucional. (V-Dem también documenta que la polarización es un rasgo asociado a procesos de erosión democrática a nivel global).


Cómo se rompe el ciclo: 7 antídotos reales (no frases bonitas)

  1. Bajarle al culto político: ningún partido merece fe religiosa.
  2. Volver a lo local: familia, colonia, trabajo; ahí se reconstruye confianza.
  3. Exigir resultados, no relatos: menos “narrativa”, más indicadores y auditorías.
  4. Separar hechos de opinión: que una idea te guste no la vuelve cierta.
  5. Cortar el “algoritmo del coraje”: si un contenido solo te enciende, te está usando.
  6. Defender reglas claras: instituciones fuertes sirven cuando el poder cambia de manos.
  7. Hablar con el que no piensa como tú: si no puedes convivir, ya perdiste la república.

un país partido es un país manipulable

La división no es inevitable, pero sí es rentable para quien quiere poder sin rendir cuentas. México necesita algo antiguo y moderno a la vez: civilidad (la de antes) y alfabetización mediática (la del futuro). Porque si seguimos normalizando que el adversario es enemigo, el día que venga una crisis real… no habrá nación, solo bandos.

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Karl Vön

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