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“Doble IVA” a las aseguradoras: la ocurrencia fiscal que terminará pagando el ciudadano

Esto parece un tecnicismo contable… hasta que te llega la renovación del seguro y te das cuenta de que la política pública también se cobra en mensualidades.

Lo esencial del tema (léelo en 30 segundos):

El gobierno aprobó en la Ley de Ingresos 2026 que el IVA de terceros ligado a siniestros ya no será acreditable para las aseguradoras.  Eso convierte ese IVA en costo definitivo para las compañías (autos, daños, salud, GMM).  El resultado más probable: primas más caras (diversos análisis hablan de 10% a 20% en 2026). 

La frase clave: no es “doble IVA” en tu recibo… es un costo extra que termina empujando tu prima hacia arriba.

Qué cambió: no es magia, es recaudación disfrazada de “aclaración”

Lo que se aprobó en el paquete para 2026 es, en términos simples, esto:

cuando una aseguradora paga a un tercero para cumplir el contrato (taller, hospital, laboratorio, proveedor de refacciones, etc.), el IVA de esas facturas ya no podrá acreditarse como antes.

Ese “acreditamiento” era clave porque evitaba que el IVA se quedara “pegado” como costo. Ahora, el IVA se vuelve costo definitivo para el sector. 

La industria (a través de AMIS) ha reconocido que esto implica que “naturalmente” se pagará más IVA a partir de 2026, justo porque ya no podrán acreditar el IVA de terceros. 

Por qué la gente lo llama “doble IVA” (y por qué el gobierno se aprovecha de esa confusión)

La discusión pública se ensucia porque mucha gente cree que literalmente le van a cobrar “dos IVAs” en la póliza. No funciona así. El cliente no verá una línea que diga “IVA x2”.

El “doble IVA” es una forma coloquial de describir un efecto económico:

El sistema ya trae IVA en la cadena normal de consumo. Cuando hay siniestro (taller/hospital), también hay IVA en esos servicios. Antes, la aseguradora podía acreditar ese IVA; ahora se lo traga como costo.

Ese costo extra alguien lo paga. Y en el mundo real, rara vez lo paga el Estado. Lo paga el mercado: subiendo primas o ajustando condiciones. 

¿Quién recibe el golpe? Spoiler: no es el gobierno

Aquí está el punto incómodo: cuando el gobierno cierra la llave de un tratamiento fiscal, no “castiga” al edificio corporativo… castiga al usuario final.

Porque las aseguradoras operan con modelos de riesgo, reservas y márgenes medidos al milímetro. Si les subes un costo estructural, tienen opciones:

Subir primas Endurecer deducibles/coaseguros Recortar coberturas Ser más restrictivos en autorización y administración del siniestro

Y si el seguro se encarece, mucha gente reacciona como siempre: lo cancela o lo deja “para luego”. La consecuencia es brutal: menos aseguramiento, más vulnerabilidad y, a la larga, más presión para el sistema público.

La pregunta que nadie en Palacio quiere contestar

¿De verdad el objetivo es “aclarar un criterio”… o es exprimir recaudación, aunque eso encarezca el seguro del ciudadano común?

Porque si el resultado práctico es que el seguro se vuelve menos accesible, entonces no estamos ante una mejora fiscal: estamos ante un impuesto indirecto a la prudencia. El que se asegura, paga; el que no se asegura, reza.

Y sí: hay análisis y notas que advierten incrementos de 10% a 20% en 2026 vinculados a estos cambios. 

Qué dice el gobierno y qué dice el sector

Lo que argumenta la autoridad

La lógica fiscal es: “ese IVA le corresponde acreditarlo al taller/hospital, no a la aseguradora”. Y con eso, se cierra un espacio de interpretación que venía en disputa. 

Lo que advierte la industria

AMIS y voces del sector aceptan que el cambio implica más IVA pagado y presiones de costos. Empresas como Quálitas incluso han informado a inversionistas que el IVA de proveedores de siniestros será no acreditable a partir de 2026. 

Traducción al español de la vida diaria: tu póliza no se salva por decreto.

Lo que debes vigilar si tienes seguro de auto o gastos médicos mayores

Si renuevas en 2026, revisa esto con lupa:

1) ¿Subió prima, pero también subieron deducible y coaseguro?

A veces te suben el precio y además te cambian condiciones. Lo peor: la gente firma sin leer.

2) ¿Te están moviendo a red más limitada?

En GMM, un “ajuste” puede esconder menos hospitales o tabuladores más duros.

3) ¿Te están vendiendo “lo mismo” con letra distinta?

Pide comparativo por escrito: antes vs. ahora.

Qué puede hacer el ciudadano (sin discursos)

Cotiza en 2–3 compañías: no todas trasladan el costo igual.  Ajusta cobertura con estrategia: a veces conviene subir deducible para contener prima, pero entiende el riesgo. En GMM: revisa tope de coaseguro, tabuladores y red hospitalaria.

Esto no es para asustar. Es para que no te agarren dormido.

Conclusión editorial

Cuando el gobierno presume “orden” fiscal, pero el costo termina en el recibo del ciudadano, no es orden: es recaudación por la puerta trasera.

Y aquí la pregunta final es inevitable: si México necesita más dinero, ¿por qué no recorta gasto inútil, duplicidades y elefantes blancos… en lugar de encarecer herramientas que protegen a las familias?

Porque al final, el que paga no es el SAT.

El que paga eres tú.