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Divorcio en México: qué es, por qué crece, por qué la gente se separa y qué debería pensar Nuevo León

Divorcio de pareja

Antes que nada YO Karl Vön, soy Divorciado por más de 14 años. Y si hubiera leído esto antes de casarme, tal vez mi matrimonio seguiría.

Esta es mi investigación:

El divorcio no se disparó “de la nada”: cambió la vida, cambió la pareja… y cambió la ley.

En México, el divorcio lleva años creciendo como fenómeno social (aunque con subidas y bajadas por pandemia y por trámites). INEGI muestra que la tasa nacional pasó de 1.4 (2014) a 1.8 (2023) divorcios por cada mil habitantes de 18 años y más.  Y en 2024, INEGI reportó 161,932 divorcios y una tasa cercana a 1.79. 

Pero el dato que más le habla a la familia (y a Nuevo León) no es solo cuántos: es por qué y para qué.

¿Qué es el divorcio?

El divorcio es la disolución legal del matrimonio. No es “una pelea”, no es “un berrinche”: es un acto jurídico que termina el vínculo conyugal y abre un proceso para resolver temas como:

Custodia y convivencia con hijas e hijos Pensión alimenticia Bienes (según el régimen: separación o sociedad conyugal) En ciertos casos, compensación económica

En Nuevo León, existe la figura del divorcio incausado: en términos generales, puede decretarse sin que una de las partes tenga que probar una “culpa”, y después se resuelven los acuerdos sobre hijos, alimentos y bienes. 

¿De verdad están aumentando los divorcios en México?

Sí, como tendencia de largo plazo, aunque no todos los años suben igual.

En 2022 se reportó un incremento fuerte (INEGI: +11.4% vs 2021).  En 2023 hubo un ligero descenso respecto a 2022 (INEGI: -1.9%), pero la tasa histórica siguió alta frente a la década anterior.  En 2024 se registró una nueva cifra nacional alta (INEGI: 161,932), con tasas que varían mucho por estado. 

La lectura correcta es ésta: el divorcio se normalizó y, además, hoy se puede tramitar con rutas más ágiles que en el pasado (por eso ya no es “tan raro” ni “tan escondido”).

¿Por qué se divorcia la gente?

No existe una sola causa. Pero se repiten patrones que cualquiera reconoce en la vida real:

1) Expectativas irreales del matrimonio

Muchos llegan pensando que casarse es “ya gané”, cuando en realidad es cuando empieza el trabajo fino: acuerdos, límites, dinero, suegros, crianza y rutina.

2) Conflictos por dinero y roles

La economía aprieta, el estrés sube y la tolerancia baja. El choque aparece cuando no hay claridad sobre: gasto, deudas, prioridades, y quién carga qué.

3) Falta de comunicación y desgaste emocional

No es “una pelea”: es la suma de semanas sin hablar bien, sin escucharse, sin reparar, sin perdonar, sin agradecer.

4) Infidelidad (emocional o física)

A veces no es solo el acto, sino lo que revela: abandono, resentimiento, inmadurez o venganza.

5) Violencia y control

Aquí no hay romanticismo que valga. Cuando hay violencia, amenazas, humillación o miedo, el divorcio puede ser parte de una salida necesaria.

6) La facilidad legal empuja la decisión

Cuando una separación se vuelve jurídicamente viable (como el divorcio incausado), muchas parejas que antes “aguantaban” por años, hoy se separan más pronto. 

¿Para qué se divorcian?

Esta pregunta casi nadie la hace y es clave:

¿La gente se divorcia para ser “feliz”, o para dejar de sufrir?

En la práctica, muchos se divorcian para:

Bajar el conflicto diario y proteger la salud mental Evitar que la casa se vuelva un campo de guerra para los hijos Reordenar finanzas y responsabilidades Recuperar respeto personal y límites Empezar una vida más estable (aunque sea con dolor al inicio)

Ahora la pregunta incómoda, la que Nuevo León debe decir en voz alta:

¿Cuántos divorcios no son por falta de amor… sino por falta de habilidades para sostener un hogar?

El costo real en hijas e hijos: lo que sí genera daño

Seamos claros: no siempre el divorcio es el daño. A veces el daño era el ambiente.

Lo que más afecta a niñas y niños es:

Gritos, insultos, amenazas y humillación constante Usarlos como mensajeros o “arma” contra el otro Cambios bruscos sin explicación ni estabilidad Padres ausentes (emocional o físicamente) Pleitos eternos por dinero y control

Si el divorcio se vuelve inevitable, el objetivo moral (y práctico) es uno: separarse sin destruir la infancia.

Consejos para pensar bien antes de casarse (y sostenerlo después)

Antes de casarte: 5 conversaciones obligatorias

Dinero: deudas, hábitos, metas, cuentas claras Hijos: sí/no, cuántos, crianza, escuela, límites Familia extendida: suegros, visitas, interferencias Fe/valores: cómo se vive el hogar y la educación Crisis: qué pasa si llega desempleo, enfermedad o pérdida

Ya casados (y con hijos): 6 hábitos que salvan matrimonios

Hablar diario 15 minutos sin pantallas (de verdad) Acuerdos claros sobre dinero y responsabilidades Discusiones con reglas: sin insultos, sin amenazas, sin “ya me voy” Terapia a tiempo (no cuando ya se odian) Cuidar la intimidad: afecto, respeto, presencia Recordar esto: tus hijos no necesitan padres perfectos, necesitan adultos estables

Conclusión

México muestra una tendencia donde el divorcio se volvió más frecuente en la última década, y los datos de INEGI permiten ver la magnitud del fenómeno. 

En Nuevo León, más que moralina, lo urgente es promover educación emocional, cultura del acuerdo y responsabilidad familiar: porque un divorcio puede ser un trámite… pero la infancia no es un trámite.