En México la pandemia no solo dejó muertos: dejó niños sin mamá, sin papá o sin quien los criaba. El problema es tan grande como incómodo: no existe un padrón nacional único y público que permita saber cuántos son, dónde están y qué necesitan. Mientras estimaciones citadas por la UNAM hablan de más de 130 mil menores afectados, el DIF Nacional reportó miles identificados por programas como Desayunos Escolares, y algunos estados —como Estado de México y CDMX— han creado apoyos específicos. El resultado es brutal: la ayuda depende del código postal, no del derecho. Cuatro años después, estos “niños de la pandemia” siguen creciendo entre duelo, trámites y silencio institucional.
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