México

¿Por qué se pierde la credibilidad en la justicia cuando un solo partido concentra el poder?

Concentración de poderes en Morena

Cuando las decisiones judiciales dejan de sorprender, algo más que la ley está en juego.

Lo esencial del tema

La confianza pública en la justicia depende de la independencia, no solo de la legalidad. Cuando un partido concentra Ejecutivo, Legislativo y órganos clave del Judicial, surge un problema estructural de credibilidad. No es un debate ideológico, sino institucional y democrático.

👉 La justicia puede ser legal y aun así dejar de ser creíble.

Introducción: cuando el árbitro pierde la confianza

En toda democracia, las instituciones no están diseñadas para agradar, sino para arbitrar.

El problema comienza cuando una parte importante de la sociedad percibe que el árbitro ya eligió equipo.

En México, el debate no gira únicamente en torno a sentencias específicas, sino a algo más profundo:

la percepción de que el poder político y el poder judicial ya no caminan por carriles separados.

La concentración del poder y sus efectos

Actualmente, Morena domina el Poder Ejecutivo y el Legislativo, y mantiene una influencia significativa sobre órganos que, en teoría, deberían actuar con total autonomía.

Esto no implica automáticamente ilegalidad, pero sí genera un fenómeno conocido en ciencia política como captura institucional:

cuando las instituciones existen, pero responden más al poder que a su función original.

El problema no es la ley, es el origen

Uno de los principales factores que erosionan la credibilidad es el origen de las autoridades.

Cuando fiscales, jueces o magistrados llegan a sus cargos:

mediante negociaciones políticas, por afinidad ideológica, o con el respaldo explícito de una sola fuerza dominante,

la ciudadanía empieza a cuestionar a quién sirven realmente.

Esto afecta directamente la percepción de organismos como la Fiscalía General de la República y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Sentencias previsibles: la señal más peligrosa

Una justicia sana puede gustar o no, pero debe sorprender.

Cuando cada resolución relevante parece anticiparse —siempre a favor del poder, siempre contra críticos— ocurre algo grave:

La sociedad deja de analizar los fallos y empieza a asumirlos como decisiones políticas disfrazadas de legalidad.

¿En qué momento una sentencia deja de ser justicia y se convierte en trámite?

¿Es solo polarización política?

No del todo.

La desconfianza no surge solo de redes sociales o discursos opositores, sino de patrones repetidos:

investigaciones que avanzan solo contra adversarios, silencios prolongados frente a aliados, decisiones judiciales alineadas sistemáticamente con el poder político.

Cuando esto se vuelve constante, la duda deja de ser ideológica y se vuelve racional.

El costo democrático de perder al árbitro

Sin instituciones creíbles:

la ley se vuelve selectiva, la oposición se radicaliza, y la ciudadanía se refugia en el cinismo.

La democracia no colapsa de golpe; se desgasta lentamente, cuando la gente deja de creer que las reglas se aplican igual para todos.

Una pregunta incómoda (pero necesaria)

¿Puede existir justicia real cuando quien debe vigilar al poder depende, directa o indirectamente, de él?

No es una acusación automática.

Es una alerta institucional.

Conclusión: legalidad sin legitimidad

El problema central no es si una resolución es técnicamente legal.

El problema es cuando ya nadie la considera legítima.

Cuando el poder controla a quien lo debe vigilar, la justicia puede seguir siendo legal, pero deja de ser creíble.

Y una justicia sin credibilidad deja de cumplir su función más importante:

dar certeza, equilibrio y confianza a la sociedad.

Karl Vön

Monterrey News