Adán Augusto: el senador que regala libros… que todavía no paga
Por Karl Vön • Monterrey News
En un país donde la política ya es un género literario propio —entre la farsa, la tragicomedia y la novela de enredos—, hoy tenemos un capítulo digno de colección:
Adán Augusto López admitió que aún no ha pagado los miles de libros que regaló durante su gira.
Sí, leyó bien.
Regaló libros… pero la cuenta sigue pendiente.
El senador asegura que “no son tantos” y que cada ejemplar costó “poco más de 100 pesos”.
Pero quienes estuvieron ahí —y quienes no tenemos memoria selectiva— vimos 13 cajas con 20 libros cada una. Mínimo 260 libros. Más los que no se vieron.
Y aun si fueran solo esos, ¿qué senador anda repartiendo productos sin liquidar?
¿Es marketing político o crédito a meses sin intereses con el autor?
La pregunta que nadie en el oficialismo quiere hacer
¿Con qué dinero se imprimirían esos libros?
¿Quién los financió realmente?
¿Y por qué un senador, figura pública y figura de poder, se permitiría hacer regalos que no ha pagado?
En cualquier empresa mexicana eso se llama:
insolvencia, mala práctica o abuso de confianza.
En política, al parecer, se llama “un gesto”.
El viejo truco del político generoso
El político que reparte favores ajenos parece generoso… hasta que uno revisa la factura.
El regalo deja de ser regalo cuando no lo pagas tú.
Y claro, él dice que “luego lo liquida”, como quien deja fiado un kilo de tortillas en la esquina.
Pero este no es un puesto de tacos.
Es un senador de la República.
Lo que revela este episodio
No es el libro.
No es el costo.
Es la mentalidad.
La mentalidad del político que cree que puede tomar ahora y pagar después.
La mentalidad del funcionario que siente que las reglas le aplican… “pero no tanto”.
La mentalidad del servidor público que confunde privilegio con normalidad.
Porque si así maneja sus libros, ¿cómo maneja sus cuentas?
¿Sus informes?
¿Sus compromisos?
¿Su palabra?
México no necesita políticos que regalen libros; necesita políticos que paguen sus cuentas
Hoy Adán Augusto nos dejó una metáfora perfecta del sistema:
Muchos presumen generosidad con recursos que NO les pertenecen.
Muchos siembran simpatía con gastos que otros cubrirán.
Y muchos, demasiados, regalan promesas que jamás piensan pagar.
El libro es lo de menos.
La impunidad cultural… ese es el verdadero texto.
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